lunes, 24 de agosto de 2009

Arde Atenas

Desoladora imagen de la cruda realidad que sufre la simpática e histórica ciudad griega de Atenas


Los bomberos "nos dejan solos ante el fuego", acusan los habitantes de las afueras de Atenas, amenazados desde hace tres días por los violentos incendios, que este lunes seguían activos tras haber llegado la víspera a las puertas de la capital griega. "Llamamos a los bomberos, vienen con un camión, riegan unos árboles y se van. Unos minutos después el fuego se reaviva y nos encontramos solos ante el fuego, tenemos que hacer nosotros el grueso del trabajo", afirma a la AFP un habitante de Stamatas, un pueblo próximo de Agios Stefanos, a 40 kilómetros al noroeste de Atenas.
Una espesa nube de humo se desprendía de los pinares calcinados cercanos a las zonas habitadas y escondía parte del sol, pese a las incesantes ráfagas de viento.
Numerosos habitantes de este gran barrio de las afueras de Atenas salieron de sus casas el domingo por la noche para regar con mangueras de jardinería los arbustos y la hierba de sus parcelas y tratar así de impedir que se prendan fuego.
Otro vecinos retiraban con un rastrillo las espesas capas de agujas de pino que cubrían sus techos. Decenas de bolsas de basura repletas de estas agujas altamente inflamables esperaban en las aceras de las zonas periféricas de Agios Stefanos a que los bomberos las retiraran.
Varias parcelas dispersas en esta zona donde se mezclan los pinos con algunas las viviendas aisladas estaban calcinadas y algunos restos de vehículos quemados seguían echando humo.
Los fuertes vientos que no han perdido fuerza desde el inicio de los incendios explican la propagación de los fuegos desde los pinos hacia las pequeñas parcelas y jardines que rodean las viviendas, según los bomberos
El domingo, unos motoristas de la policía recorrieron la región de Agios Stefanos, con unos 10.000 habitantes, para pedir a los vecinos que evacuaran la zona, pero sólo algunos de ellos atendieron los consejos.
"Ayer, nuestra casa se salvó, pero el fuego volvió hoy", contaba Theofania Kasimati, una mujer de 53 años, que huyó de su domicilio. "Había gente circulando con altavoces que nos decían que nos fuéramos, entonces hicimos las maletas con algunas cosas, nos llevamos al perro y nos fuimos", precisó.
Frente a las barreras instaladas en las carreteras del perímetro amenazado, los policías impedían a los curioso venidos de Atenas acceder a la zona donde se realizaban las operaciones de rescate.
Pero el domingo a última hora, la mayoría de los habitantes parecía haberse quedado en casa. Algunos no huyeron para tratar de proteger sus bienes de las llamas, otros porque optaron visiblemente por ignorar el peligro, como dos mujeres que disfrutaban de un café en la terraza de su casa, a unos cien metros apenas del pequeño valle donde no quedaban más que cenizas de la pineda de árboles centenarios.

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